En los momentos en que vuelvo la mirada atrás, sobre aquellos escenarios en los que solo un clic hubiera cambiado totalmente mi vida, hay uno especial. En el que sin saberlo elegí este destino vivido.
Sin tener visión a la edad de dieciséis, esa tarde borré lo que hubiera sido de mi vida y dibujé en borrador lo que hoy soy. Fue el punto de la vida del "no retorno".
Cuando mis pensamientos de nostalgia me invocan a ese momento, en el que mejor hubiera elegido por quien, a esa edad, era el amor de mi vida. El mismo pensamiento concluye que no tendría los hijos que hoy tengo, de quienes me siento orgullosa, no hubiera disfrutado del amor como lo he hecho, no estaría hoy con el amor de mi vida que tengo a mis cuarenta y tantos; Entonces, los "hubiera" se funden solo en "hubiera elegido por él" en ese momento, pero nada de lo hoy soy o tengo hubiera sido.
Me quedo con lo que hoy soy. Por que quizás ese: "hubiera elegido por él", no me garantiza que hoy estuviera todacía al lado de él.
Durante mi vida resté importancia a los "hubiera" y elegí siempre por el "¿por qué no?", en consecuencia he recorrido mil caminos y a mi edad aun sigo imaginando una cantidad de oportunidades de vivir el mundo y la vida misma.
Existen a mi lado, personas que sin limitarme, me llaman al orden, o solo me aterrizan un poco a la realidad.
De este análisis concluyo el entendimiento de los multiversos de Marvel. Existen varios para mi y me gustaria conocer todas esas versiones de mí que vivieron quizas lo que yo quise en muchos momentos, pero como en esta version solo tengo "una vida" pues elegí la que tengo y no me arrepiento.
Es como si la linea de la vida tuviera varios momentos en que la realidad se dispersa, se abre una posibilidad de una versión. Se crean los "hubiera" y elijo los "por qué no?"
La vida nos observa con cierta picardía. Nos deja creer que elegimos libremente, cuando en realidad nos va empujando con suavidad —o a veces con un empujón brusco— hacia aquello que necesitamos vivir para convertirnos en lo que debemos ser. Quizás por eso, por más que uno intente revisitar los cruces del camino y reconstruir el mapa, hay decisiones que, aunque hoy nos duelan o nos enternezcan, estaban destinadas a guiarnos hacia la versión más honesta de nosotros mismos o a la mejor versión.
He aprendido que la nostalgia no es enemiga; es una puerta. Que se abre no para regresarnos, sino para recordarnos que fuimos valientes, que incluso a los dieciséis —con toda la inocencia del mundo— tomamos decisiones que nos marcaron el alma. No para siempre, sino para bien.
Los "hubiera" son espejos. Reflejan posibilidades, no verdades. Son escenarios donde habrían nacido otros hijos, otros amores, otros dolores… pero no estos. Y yo, a estas alturas de la vida, prefiero mil veces la imperfección real que la perfección hipotética.
En ese multiverso imaginario donde existen otras “yo”, quizá una se quedó con él, otra se fue del país antes, otra nunca amó, otra se enamoró demasiado… Pero solo en esta versión, en esta línea del tiempo tan humana y tan mía, tengo la fortuna inmensa de ser la mujer que soy: madre orgullosa, amante agradecida, adulta que aún sueña, curiosa empedernida que sigue diciendo “¿y por qué no?” a los cuarenta y tantos.
En esa misma exploración entiendo que no todos están hechos para caminar a nuestro ritmo. Algunos vienen para impulsarnos, otros para frenarnos, otros simplemente para ser faro cuando las dudas nos tapan el horizonte. Todos llegan por una razón, incluso quienes solo permanecen en nuestra memoria como un clic que nunca dimos… o que dimos sin saber.
Hoy, después de tres décadas, sigo en contacto con ese "hubiera" de mis dieciséis y puedo mirarlo sin tristeza. Lo miro como se mira una fotografía antigua: con cariño, con un poco de risa, con la certeza absoluta de que ese instante, ese no-retorno, me trajo hasta aquí. Porque tal vez ese era su papel en esta versión de mi universo: enseñarme que la vida puede cambiar con un clic, sí… pero también que, incluso cuando uno cree elegir por impulso, la vida ya tiene lista la historia que realmente necesitamos vivir.
Ayer hablaba de esos "hubiera" con una amiga...y mi respuesta es siempre la misma...: "mis hubiera tiene una sola salvedad, en realidad tres: Alejo, Josefina y Emanuel. Simplemente porque se que nos volveríamos a elegir."... lo demás es charlable, creo que uno tiene historias predeterminadas que se pueden modificar con un solo "clic"..pero venimos en envase de aprendizaje constante pero no consciente, hasta que entendemos que es un día a la vez y todo vuelve a empezar...
ResponderEliminarLeí tu texto con esa mezcla de nostalgia y gratitud que solo aparece cuando una ya hizo las paces con su historia.
No hablás de decisiones fallidas, sino de valentía temprana y fidelidad a lo que fuiste siendo.
Los “hubiera” no reclaman regreso: iluminan el camino recorrido.
Y en esa elección constante por el “¿por qué no?”, se nota una vida vivida con coraje, amor y curiosidad intacta.
Gracias por recordarnos que esta versión —real, imperfecta y profundamente nuestra—
vale más que cualquier multiverso imaginado.
Abrazo grande.