miércoles, 24 de septiembre de 2025

Algunas "X" en el calendario

Generalmente, nuestra mente es como ese amigo que solo apunta lo que le conviene: guarda con lujo de detalle las fechas en que todo comenzó, pero olvida con sospechosa facilidad cuándo terminó. Ahí están, marcadas con precisión quirúrgica: la primera vez que besaste, que viajaste solo, que te atreviste a emprender, que viste nevar… hasta la primera vez que lloraste por amor y juraste que nunca más (y spoiler: claro que hubo una segunda vez).

Las “fechas fin”, en cambio, son otra historia. En el CV, por ejemplo, lucen muy profesionales: “de junio 2019 a marzo 2022”. Pero en la vida real, las recordamos así: “Ah, sí… creo que fue como en diciembre del 2021… o enero, quién sabe.” Porque cuando algo termina, el calendario deja de importar; lo que queda es la cicatriz emocional… y esas no traen fecha de vencimiento.

Y luego está la otra cara de la moneda: esas primeras veces que no fueron gran cosa en su momento… pero que con el tiempo, y con la persona correcta, tuvieron una versión mejorada al 200%. Sí, hablo de eso. La primera vez pudo haber sido solo sexo con S minúscula… pero después llega el “momento estrella”: amor, química, pasión… y ese suspiro que no tiene nombre en ningún idioma.

Lo mismo pasa con la nieve: la primera vez es mágica, casi de película… hasta que conoces otro paisaje que te roba el aliento y entiendes que la belleza, como la vida, viene en capítulos.

Porque al final, entre inicios que marcan, finales que duelen y recuerdos que reeditamos mil veces en nuestra mente… terminamos con demasiados filtros para un corazón que solo intenta quedarse con lo que vale la pena y soltar lo que pesa.

Quizás por eso las fechas no importan tanto… lo que importa el impacto y como ésto nos cambia.



jueves, 11 de septiembre de 2025

Entre el “bonjour” y el “je ne sais pas”

En español puedo dar un discurso con toda la elegancia de una reina hispanohablante. Con años de práctica, palabras que bailan solitas y hasta algún chiste que se entiende sin explicaciones. Pero la vida, decidió ponerme en modo “aprender francés”. Un idioma tan hermoso como complicado, con sus r que parecen tragarse a sí mismas y su ortografía que parece diseñada por un poeta despistado.

No les miento: en mi cabeza hablo francés con una fluidez digna de la Sorbona. Pronunciación perfecta, vocabulario extenso… Soy casi la Meryl Streep de los idiomas. Pero basta con que alguien me mire, solo con que me diga salut, y mi cerebro hace… clic: pantalla en blanco. Lo único que falta es que salga el ícono de la ruedita girando.

He pensado que debería escribir en francés. Combinar los dos idiomas. Quizás incluso inventar el spanglérançais. Sería un hit.

Pero en medio de mis batallas lingüísticas apareció un programa del gobierno fuera de serie, muy nuevo para mi: ellos te buscan un hablante nativo, quien en forma voluntaria brinda su tiempo para conversar, como si fuera tu entrenador personal del idioma. Lo llaman “jumelage”. En principio me sonó a aplicación de citas, y en realidad iba a una cita a ciegas, pero en versión filológica.

Y sí, me tocó la mejor. Nos encontramos, y en la primera charla yo, que siempre empiezo con miedo, terminé riéndome como si nos conociéramos desde la secundaria. Hablamos de libros, películas cuyos gustos eran muy parecidos, familia, trabajo… incluso descubrimos que casi coincidimos haciendo rafting en el mismo lugar y en la misma fecha y casi que tenemos los mismos hobbies como hacer kayak y acampar.

Claro, muy lindo tod, bien larga la charla, todo esto con mis gloriosos errores incluidos. Porque sí, hablé. Hablé mucho. Tanto que después de una hora mi cerebro empezó a pedir cambio de jugador. No de la conversación, sino del idioma. Pero ella seguía, y yo seguía, hasta que las palabras comenzaron a fugarse de mi cabeza como si alguien hubiera apagado la luz y en ese momento hasta el café se había acabado para entretener algunos tiempos para dar respuesta.

Quedamos en vernos de nuevo. Quién sabe, quizás en el supermercado, mezclando vocabulario con verduras.

Al final entendí que aprender un idioma no es solo gramática: es abrir puertas, hacer amigos, colarse en la vida de esta nueva comunidad… aunque a veces tu cerebro pida un time-out. ó "du temps mort".


lunes, 1 de septiembre de 2025

Primer dia de ciento veinte.

Primer dia del mes de septiembre. 

Primer día del último tercio del año.

Primer dia de los cuatro meses que terminan en "-embre"

Primer día de la recta final del año!

Y heme aquí de nuevo intentando rescatar mi escritura, intentando cumplirme a mí misma una meta, de completar cincuenta escritos antes que cierre el año. 

Han pasado ya ocho meses desde el comienzo de este año que ya corre. Y despues de hoy, calabazas de halloween, pavos del dia de gracias y finalmente luces y duendes navideños. Donde estoy, no se si es cultural o no se, pero las luces navideñas permanecen todo el año en las calles, en parques y diversos lugares públicos. Inclusive en algunas casas se conservan expuestas y generalmente las encienden cuando llega la noche sin importar la estación del año.

Bajo mi perspectiva, es raro. Procastinación de guardar la navidad? o será conservar la esperanza y el buen ambiente en casa de los buenos tiempos navideños? o solo será una cuestion meramente decorativa y continuar ambientando la noche con pequeñas luces que armonizan un ambiente tranquilo y acogedor en las casas. 

No se, pero el hecho es que ya empieza el ocaso de este año 2025. Nuevamente nos encontramos en la puerta de las celebraciones de final de año. Algunos trabajos se agudizan para alcanzar los objetivos proyectados para el 2025. Otras cosas en este momento solo se dirá "ya será para el año entrante". 

Y como hay personas que ven el vaso medio lleno, esas mismas son las que dicen aun hay tiempo, todavía hay 120 dias llenos de oportunidades y el curso de varios proyectos puede dar un giro en cualquier momento antes que finalice este periodo de tiempo, de la vida, del universo, de la exitencia o de la humanidad. 

Si estan solos, podrian encontrar el amor. Si estan acompañados, se pueden aun cumplir varios objetivos en pareja, o en familia. Si estan en la academia, aun hay tiempo de pasar la materia con éxito. Aun hay tiempo de ver a mamá o a papá desde el año pasado y darles una sorpresa. Aun hay tiempo para reencontrarnos con alguien o con nosotros mismos. 

Aun podemos comprar el carro que nos gusta, hacer el viaje que queremos, encontrar el trabajo que buscamos, aun puedo buscar la manera de hacer la meta de cincuenta escritos antes que finalice el año. 



Ikigai: "razón de ser"

  Ikigai (生き甲斐) es una palabra japonesa que suele traducirse como "razón de ser" o "razón para vivir" . Pero, en reali...