jueves, 15 de mayo de 2025

Gusto por la escritura

Fue como simplemente deslizar mis dedos sobre el teclado, describiendo una historia de alguien más, cuya trama me pareció interesante, como de novela.

Encontrar la inspiración o intentar escribir de un tema, no es fácil, aunque me gusta. A veces los resultados de mis escritos, no me gustan. Quizás el vocabulario, o la manera desordenada de ordenar las palabras y frases, o me suena como cuando hablo rápidamente y borbotean las palabras en mi cabeza y salen igual por mi boca, entonces mis dedos se enredan, se atacan, quieren escribir todo al tiempo, se olvidan de la ortografía, confunden las ideas, dejo ideas para después y se me olvidan. Escribo frases en orden de aparición y termino redactándolas en otro orden y al final solo conté la mitad de lo que quería decir. Termino un escrito y por lo general, no me gusta.

Es más fácil cuando doy mi opinión sobre un tema, nadie me contradice, nadie me calla para expresar su punto de vista entonces me puedo concentrar en expresar mi punto de vista respecto al tema. Suele pasar que termino siendo condescendiente, es decir, como siendo empática con la historia, sin juzgar su lógica o sin ponerme del lado de alguna de las versiones, los justifico, todos tienen razón. 

Cuando conozco historias como la del personaje del escrito anterior, ricas en trama, llenas de contradicciones y con una inmensidad de juzgamientos, me animo a escribir sobre el tema. Se debería siempre leer ambos bandos no? Pero al final, y para mi conclusión personal, las cosas pasan por alguna razón que tiene Dios, la vida o el universo. 

Con tanto argumento en la trama, encuentro alguna manera de contar las cosas , a veces lejos de la realidad o a veces demasiado cerca, no se… tendrán que juzgar los que saben.

Pero me gusta escribir cuando puedo expresar mi perspectiva, trato de ser objetiva, traté de redactar la historia de Nora desde mi objetividad y desde la simplicidad y comodidad del personaje principal. 

No se me da la poesía ni en verso ni en prosa. la historia no me daba para un enamoramiento porque se volvería dramática, de llanto y sufrimiento... y no era la idea. 

Además, carezco de vocabulario elegante o rebuscado. Solo escribo lo que pienso, intento compartir mis pensamientos o emociones sin convencer a nadie, ni persuadir a nadie e hilar palabras y sobre todo que tengan algún sentido, la menos el mío.

No me gustaría tomar el atajo de la nostalgia o de la tristeza, seria demasiado fácil, pero demasiado deprimente o de energía negativa. Aunque a veces como dicen los mexicanos, "me agarra la depre" y me extiendo. El escrito termina siendo triste, como si de este lado escribiera una víctima… y pa’ energías negativas suficiente tenemos con la realidad.

La historia de Nora y su amante, me pareció interesante de contar, una trama intensa para contarla en un cuento corto y sobre todo, basado en una historia real. Lo redacté, lo edité muchas veces y aun sigo corrigiendo después de publicarlo. Le perfilo algunas expresiones, busco sinónimos para no redundar, le resto preposiciones que sobran, mejoro o busco adjetivos más acertados.  ¡Hay tanto por hacer en la escritura!, que necesito tiempo y hoy por hoy, de eso, muy poco.



martes, 13 de mayo de 2025

Sin drama (parte dos)

...viene de la anterior

Hubo una tercera discusión, en la que nos alejamos aproximadamente un mes. No la llamé. Siendo honesto tomé un respiro. No la veía tampoco en el edificio y aunque me preocupé, no pregunté por ella.

Pensé que todo había terminado y estaba volviendo a mis andanzas mundanas, cuando un día me llamaron de la recepción en mi trabajo, que alguien me buscaba.

Era Nora, con una docena de rosas de varios colores que me entregó cuando me vio. Ha sido la única vez que me regalaron flores. Me dijo “perdóname” nos vemos a las cinco si tienes tiempo. Solo asentí mirando sus ojos.

Fue una tarde, noche, madrugada y mañana largas. Existimos solo para estar juntos esa noche. Hablamos de muchas cosas, me actualizó el cuaderno de todos sus pendientes. En la tarde salimos de la ciudad, cenamos y bebimos vino. Para mi sorpresa esa noche también se quedó conmigo.

La mañana siguiente durante el desayuno me contó de su última visita al médico, le habían diagnosticado cáncer y empezaría quimioterapias en una semana. En el resto de la conversación solo se despidió, dándome indicaciones de no llamarla, que si era el caso sería ella quien me llamaría.

Tres meses después me llamó llorando, estaba triste y adolorida. Había renunciado a su trabajo para tener el tiempo para su tratamiento y su reposo. Me dijo que ya no era la misma, que estaba delgada, sin cabello, y sin ganas de vivir.

Fue una llamada corta, una conversación en la que resolvimos no volvernos a ver, ni a llamar. No nos veríamos de nuevo y me invitaba a continuar con mi vida. Aunque sentía que el pecho me ardía de dolor, no le demostré mi tristeza ni le insistí de verla de nuevo. Creo que no quería hacerlo, quizás estaba cansado de toda esa tormenta y tomé la vía fácil que ella había dibujado, tomé distancia, no era mi problema, ella tenía una familia que se hiciera cargo. Después de un largo silencio solo resolví decirle “adiós” y colgué.

Mi racionalidad masculina secó rápidamente las lágrimas acumuladas en mis ojos y continué mi vida.

Había pasado casi un año, cuando recibí una llamada de un desconocido. Era la voz de un hombre. Me dijo que su esposa guardaba este numero en su celular como “mantenimiento” y que llamaba para informarme que ella había muerto hacía dos días. Me dio la información del funeral y colgó.

Fin

 

IA (canva)

Sin drama (parte uno)

Luego de un silencio, simplemente le dije: “adiós” y colgué. Esa sería la última llamada de nuestra vida, sobre todo de la vida de ella.

Me quedé sentado en el borde de la cama no sé cuánto tiempo, quizás horas, pensando en ella, recordando nuestros momentos. Una nostalgia profunda me invadió. Alcancé a ver inundados mis ojos de lágrimas, pero ni una gota de agua salada vertieron.

Los recuerdos llegaron a mi mente, momentos al lado de Nora se pasaron como una película por mi cabeza. Fuimos felices. De algún modo la quise o la amé, aunque no debía.

Ella era una ejecutiva corporativa de una oficina de abogados. La empresa en la que trabajaba y su oficina quedaban en el mismo piso donde quedaba “Mentes Creativas” donde yo trabajaba. Mi espacio era una sala grande, llena de planos y computadores donde se creaba publicidad.

Ella llamó mi atención desde la primera vez que la vi. Coincidimos en el ascensor. Cruzamos un par de miradas, sonrisas y un cálido saludo de buenos días, luego de eso me lancé como jaguar en su cacería, pero no fue difícil.

Nora era una mujer madura, mayor que yo, esbelta, hermosa, elegante y sobre todo inteligente. Mi atención fue correspondida de inmediato, sin dudas, sin demoras, era como si ella supiera el camino que recorreríamos. Eso me gustó.

Nora estaba casada, me lo dijo la segunda vez que salimos. Esa noche, nos pasamos un poco de copas, lo suficiente para disfrutar del momento, de la noche, de nosotros. No pregunté nada y ella no advirtió nada. Sin estar pendiente de su reloj o su teléfono, pasó esa noche conmigo. Al día siguiente pidió un auto que la llevaría a su casa, se despidió, me llenó de besos bajo las sábanas y se fue.

A veces respondía mis llamadas, a veces no. Era una relación sin drama. Ella me gustaba. Durante dos años marcó mi vida. Viajamos varias veces, un día o dos. Sólo una sola vez escapamos por una semana. A veces se alejaba para contestar el teléfono o para hacer llamadas. Aunque yo no tenía nada que esconder, encontraba mis momentos para tomar distancia. Yo tenía amigas, a quienes utilicé en los días que Nora desaparecía. Pero juro que, durante esos dos años, solo dediqué mi tiempo a Nora. No había nadie más.

No había reproches en nuestra relación,  ella era una sabia y manejaba la situación a su gusto, con su inteligencia y yo, debo reconocerlo, solo me acomodé a sus tiempos. Mis compañeros de trabajo y mi jefe sospecharon, pero nunca les confirmé nada. Porque al final, controlé mis sentimientos y puse freno a mi desenfreno. 

Peleamos fuerte dos veces. Dos ocasiones en las que, aun queriendo tiempo para los dos, nuestros tiempos entre su familia y nuestros trabajos no coincidieron. Hubo reclamos en esas dos peleas, nos dijimos cosas fuertes, parecíamos una pareja normal. Un ramo de rosas de mi parte solucionaba todo, no quería perderla y ambos conocíamos las condiciones.

Ella conoció a mi familia, la llevé en navidad a casa de mis padres. La presenté con ellos y mis hermanos.  Nunca había llevado a alguien, entendieron que ella me importaba. Fue solo un par de horas, luego la llevé a su casa y la dejé en la puerta sin esperar que entrara.

Nora me hablaba siempre de su familia, de sus proyectos, de lo que le gustaría hacer después de los cincuenta. Hablábamos en inglés, aprendíamos italiano, escuchábamos música y veíamos pelis con palomitas de maíz y cerveza. Teníamos gustos en común. Y mi casa era su refugio, un lugar de descanso y donde, como ella decía, podía ser ella.

... continúa

Ikigai: "razón de ser"

  Ikigai (生き甲斐) es una palabra japonesa que suele traducirse como "razón de ser" o "razón para vivir" . Pero, en reali...