domingo, 7 de diciembre de 2025

Hoy se encienden las velitas.


Una tradición profundamente nuestra, tan colombiana como el buñuelo mal hecho que siempre se explota en aceite. Nace de la víspera de la Inmaculada Concepción, sí, pero también nace del corazón: de esa necesidad de luz que todos tenemos cuando el año ya nos tiene medio exprimidos.

Para quienes vivimos la fe católica, esta noche tiene un encanto especial. Es una pausa dulce entre tanto corre-corre: un momento para compartir con quienes amamos, para rezar un poquito (o mucho), para agradecer, para pedir, y para dejar que la Virgen María —con su paciencia infinita— nos abrace bajo su manto.

Mientras el comercio nos empuja a cenas elegantes, intercambios de regalos y compromisos sociales que a veces solo agotan, la noche de velitas hace lo contrario: nos devuelve a lo simple. A lo que realmente llena. A la magia de un farolito hecho en casa, a la risa de la familia reunida, a ese pequeño ritual alrededor de una llama que tiembla como si tuviera vida propia. 

Una velita no parece gran cosa, hasta que la encendemos, y recordamos de todo aquello que queremos realmente en la vida. Esta noche cada llama se convierte en papel y tinta para nuestras intenciones más profundas: bienestar, salud, trabajo, unión familiar, proyectos que despeguen, rutinas que no nos traguen, encuentros que alimenten el alma y la tranquilidad de saber que siempre hay alguien que nos quiere… y a quien también debemos querer de vuelta.

Una llama que nos recuerda que somos importantes para alguien, y que ellos lo son para nosotros. Que nos invite a dejar que el amor de la Madre —la Madre con mayúscula— nos cubra, nos guíe y nos enseñe a ser humildes, agradecidos y más conscientes del milagro cotidiano de estar vivos.

Que cada velita sea una oración por quienes están lejos, un deseo luminoso por quienes ya no están, un pedido sincero de sabiduría, paciencia, entendimiento, comunicación, discernimiento… y por qué no, un poquito de humor para sobrellevar la vida.

Y tu, qué vas a pedir con tu velita esta noche?

Mis à jour... 12.12.2025




martes, 2 de diciembre de 2025

De nuevo diciembre... version 2.0.2.5

De nuevo diciembre… esa época que antes nos sorprendía con luces, villancicos y magia, y que ahora nos llega como un déjà vu anual con menos misterio, más cuentas por pagar y uno que otro dolorcito de espalda. A medida que crecemos, vamos dejando de ser niños: nos volvemos más adultos, más serios, más ocupados… y, aceptémoslo, un poquito más cansados por la vida.

Con diciembre, llegan también los temidos balances: que si los logros, que si lo que faltó, lo que ni empezamos, lo que pospusimos sin vergüenza y lo que prometimos el 1 de enero con toda la fe del mundo. Aparecen los KPI’s emocionales, físicos y mentales: ¿bajé un kilo? ¿subí tres? ¿fui al gimnasio? ¿aprendí un idioma? ¿al menos aprendí a decir “bonjour” sin acento paisa?
Un auditor estaría orgulloso, tendría trabajo por montón.

Mientras intentamos procesar todo eso, las frustraciones hacen fila, muy educadas, eso sí, para recordarnos lo que quedó pendiente. Porque apenas empieza diciembre y ya se nos atraviesan las fiestas de fin de año, los intercambios de regalos, los compromisos con la familia, las cenas con amigos, el último brindis antes del último brindis, y hasta la cerveza o el café rápido antes de que cada quien salga a vacaciones. Y se fue el mes. Se fue el año. Uno parpadea y ya es enero… otra vez.

Pero aquí viene lo bueno —porque no todo es drama—: diciembre sigue teniendo una magia única. Es ese momento de repetidera de abrazos, de besos exagerados, de apretujones familiares que nos acomodan el corazón (y a veces una costilla). Es el mes para volver a acercarnos, para sanar roces tontos, para iniciar la conversación pendiente, para inventar excusas y reencontrarnos con quienes queremos. Y en cada oración al Niño Jesús, mencionamos a los que llevamos en el alma, a los que extrañamos y a los que tenemos la dicha de abrazar un año más.

Que este diciembre venga lleno de panecitos, galletas navideñas y calor de hogar. Que sobren los abrazos amorosos, los besos cariñosos y los “te amo” sin límite. Que haya reencuentros, risas, esperanza y muchísimo amor. Porque si algo merece repetirse año tras año, es eso.

(De mi lado… mis cincuenta escritos para 2025 ya van quedando oficialmente para el año siguiente. ¡No juzguen mis KPI’s, por favor!. Aun no renuncio, quien quita una soledad o una nostalgia me traigan al blog este mes y lo que queda de este año.)

Ikigai: "razón de ser"

  Ikigai (生き甲斐) es una palabra japonesa que suele traducirse como "razón de ser" o "razón para vivir" . Pero, en reali...