jueves, 9 de marzo de 2023

El Plan

Sentados en el estudio, después de un pesado día de trabajo, con las expectativas puestas en una nueva vida, en un nuevo giro a nuestra relación de pareja y a nuestros objetivos personales: El aquelito y yo hablabamos de un posible escenario.

Las quejas sobre el tráfico en Bogotá, contaminación, gobiernos que evidentemente no empujan a una sociedad hacia adelante sino por el contrario, la sociedad en ausencia de gobierno, empuja hacia atrás a la misma gente. En medio de situaciones de desempleo, de encarecimiento del mercado, de la educación como privilegio para pocos, de inseguridad en las calles teniamos la oportunidad de abrir una puerta hacia una posibilidad inexplorada, nueva para los dos.

Somos emprendedores, algo que tenemos en común y yo tenía una deuda pendiente con mis hijos. Así que el plan A estuvo orientado hacia migrar a Canadá.

He venido tres veces a Canadá antes de este plan de estudios, pero la perspectiva esta vez es diferente. La más grande expectativa personal era encontrarme con mis hijos, volverlos a ver despues de las incalculables consecuencias de dos años de pandemia. Habían pasado casi 3 años desde la última vez que había venido y encontré cosas que habían cambiado. Y hacía mas de 7 años que había dejado de desempeñar el rol de madre.

La felicidad del reencuentro duró al menos quince días, tiempo en el cual no salí de la perspectiva de ser turista, de querer conocer, de hacer viajes con la mente, de percibir olores, sentir este nuevo ambiente. Mis hijos querían compartir un tiempo conmigo que se había perdido por la distancia, con el paso de los días la viajera que llevo dentro se fue a buscar otros destinos. Una tarde, subida en el carro de mi hija, mirando por la ventana le dí la bienvenida a esta ciudad como mi nuevo lugar de habitación y en medio de un cielo gris que anunciaba la llegada inminente del invierno, caí en la realidad, era mi nuevo lugar para vivir, debía iniciar nuevas tareas, nuevos roles, iniciar procesos, conocer nuevas personas e iniciar un arraigo a mi nuevo hogar. 

Por primera vez en varios meses, me sentí sola, emprendiendo un plan que fue creado en pareja. Queriendo cruzar la puerta que se abría en una ciudad desconocida, con oportunidades, con nuevas expectativas pero sin la compañía de la persona que me había animado a montarme en este plan. Entonces el corazón y el cerebro se desconectaron, la temperatura de la estación de invierno no ayuda, el duelo de la soledad del aquelito no aporta al plan y su ausencia empezó a pesar, la distancia que se había marcado durante los años con mis hijos se hizo presente al fin en una cantidad de dias y rutinas diarias sin ellos o compartiendo sus espacios. Yo ya no tenía mi espacio, debía empezar a construirlo con mis frutraciones a flor de piel.

A estas alturas de la vida y uno abriendo puertas con estudio, recibiendo formación académica, cuando ya estaba convencida de haber terminado esos procesos. No se de dónde saco ganas. 

El plan: entrar a Canadá como estudiante. Luego traer a mi pareja. Me dieron permiso de trabajo y debía aprovechar la oportunidad para mezclarme con la comunidad y para cubrir mis necesidades, porque las obligaciones conmigo misma no se hacen esperar. 

Entonces, se abren puertas, se inician retos, se abre el universo para seguir aprendiendo pero con tanta nueva experiencia, el invierno también se acerca.

Así como en GOT ("The Winter Is Comming"), literal!.


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