miércoles, 30 de julio de 2025

Campamento por primera vez!

La primera vez que me dijeron vamos a acampar, contaba los días como niña chiquita, para que llegara la fecha.

Mi experiencia más cercana a hacer campamento era con cobijas sostenidas por los cojines y los brazos de las sillas de la sala de mi casa, cuando era tan solo una chiquilla. También vi a mis hijos de chicos, repetir la misma experiencia.

Desde las épocas de mis hijos han pasado al menos unos 18 años. Fueron ellos, ya adultos, quienes me invitaron a hacer un campamento de verdad. Al lado del río, con tiendas de campaña, llevando trastes y ollas y rellenando las cajuelas de los carros con todos los preparativos.

Llevaba conmigo la expectativa de la primera vez y una sonrisa de oreja a oreja de mi nueva experiencia al aire libre. Mi hijo me advertía: vamos a estar lejos de la civilización, en medio de la nada, sin internet, sin electricidad, sin televisor. Pero tambien me decía que era hermoso el sitio a donde iriamos.

Como era la primera vez, casi que empaco hasta la plancha del pelo, pero como no encontraría enchufe concluí que sería mejor dejar mis rizos al aire. Esto fue el año pasado, a mediados de agosto. Iban mis dos hijos, cada uno con su pareja y yo iba con mi “aquelito”, para quien tambien sería la primera vez.

Recorrimos casi tres horas por autoruta y una hora más por carretera destapada. Era un camino pedregoso para vehículos, entre bosques espesos. Antes de tomar este camino, entramos a lo que sería el último comercio antes de perdernos en el paisaje. Compramos los últimos detalles, carbon, encendedor, pilas, y unos snacks para calmar mi ansiedad.

El paisaje de entrada muy lindo, arboles altos, llenos de verde vivo en sus hojas. Muchos caminos que se habrían y se perdían entre los arbustos. Era un lugar solitario, silencioso, con los ruidos de los pajaros y del calor del verano. 

Cuando llegamos a la recepción, pasada una hora, el sol se había ocultado. En serio me ví leeeeeeeejos de la civilización. Pero muy cerca de una paz en demasía y mi corazón entro en una calma completa. Mi pulmones repiraban profundo tratando de inundar mi cuerpo con aire tan limpio y con tanta paz.

Con algunas lamparas de aceite y de baterías iluminamos el espacio para abrir las carpas, instalamos el asador, la cocina improvisada porque teníamos hambre y mientras unos habrian las tiendas, otros encendían el fuego para unas hamburguesas.

Las neveras portátiles llenas de bebidas, de hielo, de agua, de carnes y otros productos para el fin de semana. Me sentía realmente complacida por este momento, por este lugar, por quienes estábamos reunidos, por esa noche, ese silencio por toda esa experiencia que anotaría en el libro de mi existencia. 

Desde la mesa que servía de comedor y en la cual cabíamos holgadamente vimos como el cielo nos regalo una luna casi plena, iluminaba la noche tibia y se reflejaba en la porción del río que acompañaba nuestro espacio.

Hacía mucho tiempo que no compartía con mis hijos, creo que en esa parte tambien para ellos era una primera vez, por eso la experiencia fue mas que memorable y destinada a ser recordada. Hablamos, reímos, jugamos, comimos, intentamos recuperar tanto tiempo perdido y reconocernos despues de tanto tiempo.

Entrada la oscuridad nos acostamos, compartimos la tienda que estaba dividida en “habitaciones” instalamos los colchones inflables y en el silencio espeso de la naturaleza escuchamos, desde muy lejos, los aullidos de los lobos. Creo que se me aguaron los ojos de la emoción que sentí en aquel momento. Hasta hoy, un año después no olvido la combinación de sus aullidos con el silencio del lugar. 

Mas allá de pensar en el temor que se acercaran, era sentir un aullido nunca escuchado, tan vibrante, tan salvaje, tan natural. No me lo creía. Eso fue la cereza del postre de toda esta aventura.

La mañana siguiente un aprendizaje continuo, preparar desayuno en esa ausencia de utensilios, pero todos ponían sus manos en algo. El objetivo era ir a caminar por el bosque y hacer kayak. Nos llevamos algunas provisiones, ropa de cambio, el vestido de baño, de acuerdo con las sugerencias de mi hijo, que ya conocía el lugar.

Mis palabras no alcanzan a describir la majestuosidad del lugar, (Parque Kiamika), ¡inolvidable! ¡Paisajes increíbles, aguas transparentes y limpias con unas playas de arena blanca hermosas! Se podía contar con los dedos de las manos las personas que estaban con nosotros. No había turistas, ni vendedores, ni tiendas de playa, solo el río, los kayaks, otros en canoas y todos a remo. Nada de motores.

Remé como si se me acabara el tiempo de disfrutar todo este paisaje. Me hundí en el agua para bautizarme en estas tierras y conectar con este paisaje, con la experiencia, con mi sentir, con mi ser madre y con mi ser de esposa. Conecté con mis hijos, con mi nuera, con mi yerno y con el aquelito de mi vida.


Fue una grandiosa experiencia. Este año volvimos a acampar, en un lugar distinto, hermoso también. Pero este escrito esta dedicado a la primera vez y al factor sorpresa, porque aún me gusta sorprenderme de la vida y maravilloso es poder contarlo!




miércoles, 23 de julio de 2025

Decepcionar y Decepcionarse.

Desilusionarse, desengañarse, desencantarse. Todo lo contrario a ilusionarse, a encantarse, o a engañarse quizás con una realidad que nunca es, que nunca fue.

Creo que a diario nos andamos decepcionando de los demás y de nosotros mismos. Es fácil, solo se plantea un horizonte, una expectativa, una ilusión de cómo será el futuro, de cómo podrá ser una persona, de lo que se espera del otro o de mi mismo y al cabo del tiempo se percibe que nada era como se esperaba, que nada es como habíamos pensado.

En las relaciones, no solo de pareja, sino entre amigos y familiares o inclusive hasta en el trabajo se dan las decepciones.

Luego de las entrevistas de contratación, el empleador dibuja unas expectativas, traza unos objetivos que se esperan cumplir con la persona contratada y cuando pasa el tiempo, el periodo de prueba o quizás algunos años de por medio, la realidad es otra. Los indicadores se fueron a pique, el trabajo no fue enfocado como se planteo. O la empresa no resultó lo que expusieron, no dieron los bonos prometidos, no hubo el crecimiento profesional que decían iba a existir. Todo el encanto y la conquista brindada durante el proceso de contratación, al final, resultó ser un fraude.

Nos callamos palabras o decimos más de la cuenta y obramos más allá de nuestras palabras o menos de lo que prometimos. La verdad?... ser lo mas acorde o coherente con nuestros discursos. 

El mundo abunda con los fraudes y las estafas, en la familia, en la vida en pareja, entre amigos, entre compañeros de trabajo, en el mismo trabajo. Lo que esperábamos del otro no se dio. No bastaran las charlas, ni las disculpas porque la decepción ya se consumió, el tiempo ya se perdió, no es recuperable la inversión realizada desde el principio.

Esperábamos más de los que nos ofrecieron. El mundo quizás cuando éramos pequeños era más prometedor que la realidad que encontramos cuando nos hicimos adultos.

Ni que decir de la decepción de uno mismo, cuando nosotros mismos nos prometemos hacer o ejecutar tareas, iniciar proyectos, trabajar fuertemente por un objetivo, pero con el paso del tiempo, se pierde la motivación, el interés, procrastinamos, boicoteamos nuestro cerebro y nuestra autoestima. Al final nos desilusionamos de nosotros mismos. Creíamos ser capaces, pero no lo fuimos o ni siquiera lo intentamos. Y nuestros golpes al ego y a nuestra autoestima son mas duros pero tambien duele ver que los demás se decepcionen de nosotros. 

Duele que nos bajen del concepto donde nos tenían o que se desdibuje nuestra imagen de sus corazones y de sus mentes.

Creo que nuestros discursos a veces se dan por las emociones espontáneas y el otro pensando que son la realidad completa. 

¿Complejo no? porque volvemos al tema de la perspectiva.



Duele la decepción, duele la pérdida de esa confianza, duele todo el tiempo perdido y duele también arrancar de nuevo.


jueves, 3 de julio de 2025

Existe un espacio en el universo que guarde la verdad absoluta de las cosas?

Ni las religiones, ni la política ni la ciencia tienen sus verdades absolutas de ahí en adelante, nada, ni nadie la tiene en sus manos, solo somos los sujetos de una fuerza mayor, de alguna energía o ser superior. Y entrar a hablar o a afirmar algo sobre ese "ser superior" de por si ya nos entraría en un debate infinito y encontraríamos muchas verdades, cientificas, religiosas, energéticas, pero al final, nada ni nadie podria corroborar o confirmar las teorías que se desprenden de estos conceptos.

Desde lo mas general e infinito, aterrizo la idea hacia lo mas mundano y superficial: la verdad de cada ser humano. Ella existe, pero es individual, es su lógica personal, desarrollada bajo su contexto individual. 

La verdad se hereda de la familia, de los ancestros, de los paradigmas familiares, las costumbres del pueblo o de la ciudad donde se nace. La verdad nace de la religión con la que se fue educado, pero sigue una verdad personal, la verdad de un grupo con algunas verdades en común. Las conclusiones y criterios de evaluación se armaron con todos estos factores a medida que el hombre se hace adulto y con base en estos conceptos y en las experiencias de vida. 

Pensar así, me ha llevado muchas veces, pero muuuuuchas veces a quedarme en silencio ante cualquier discusión. Creo que luchar por convencer a alguien o dejar que intenten convercerme de algo, me parece una pelea con "burro amarrado". Ninguna de las partes estara dispuesto a ceder porque esta convencido de su lógica.

Hay momentos en que las explicaciones sobran, porque los hechos hablan por sí solos y sin buscar algun tipo de justificación o lógica de los mismos, son solo hechos, algo asi como "así deben pasar las cosas" y ya!. No vale la pena justificar, ni tampoco escuchar razones y explicaciones, simplemente "es lo que hay" y simplemente es marcar un límite. Dar a entender que no hay punto de negociación, que ambas partes deben entender que ninguno va a ceder.

Suena complejo, pero es más fácil de lo que se percibe. Se trata de ser práctico, no dramático. Se puede amar mucho a alguien, pero si las cosas no se dan, si hay factores en contra, si los planetas no se alinean, si la relación no dio más hilo, pues habrá que cortar. Sin drama, sin amarres, sin sufrimiento. Duele, pero no es para echarnos a la pena.

Estoy desde mi perspectiva de las cosas y tu desde la tuya y ambos tenemos razón desde nuestro punto. No existe un equilibrio, no tiene que existir, hay cosas que no se pueden negociar por mas amor que se tenga del uno por el otro. 

Los hijos, son otro ejemplo. Hasta el amor de padre hacia sus hijos es de diferente perspectiva del amor de los hijos hacia sus padres. Y hablamos de las mismas personas con horizontes distintos, con puntos de partida diferentes. 

Cuando se ama a los hijos, es un terreno sensible, vulnerable, un padre puede perder hasta su misma dignidad por ellos. Es su perspectiva personal, es única, es irrepetible, nadie mas hará por sus hijos, lo que él sería capaz de hacer. En consecuencia, ni el padre entrara en razón, ni los hijos le convencerán y mucho menos alguien que esté fuera de este circulo.

Lo que para mi es un 6 para ti puede ser un 9. Y aplica para todo. Cada quien tiene su propia verdad y su propia lógica de las cosas.



Ikigai: "razón de ser"

  Ikigai (生き甲斐) es una palabra japonesa que suele traducirse como "razón de ser" o "razón para vivir" . Pero, en reali...