sábado, 30 de septiembre de 2023

A la distancia



 La última vez que besé tus labios fue una dolorosa despedida, 

intentando darle un sabor de expectativa. 

La ultima vez que te abracé me esperaban las ruinas de la primera tormenta de nieve, 

el invierno había empezado con tu ausencia y llegaba el decorado de una nieve virginal. 

La ultima vez que te ví, fue despidiéndome de tí en el puerto aéreo 

tu te quedabas y yo me marchaba, 

ambos con el dolor en el alma de todo el amor que aún sentimos, que aún guardamos. 

Hoy, casi un año después de esa vez, 

el amanecer de mis días muestra unos árboles de hojas amarillas y rojas

anunciando la llegada del otoño... 

y siento miedo,

que llegue el día, que despierte en la mañana 

y observe en la ventana la caída nuevamente de los copos de nieve 

y no estés conmigo para abrazarme a tu calor.




Puedes con todo!

 Llegó el día en que me di cuenta que no soy tan importante como quizas me convencí durante los ultimos 45 años. 

Tal vez, simplemente la persona que me hizo creer tal idea, ya no camina sobre este mundo y entonces me quedé sin ella, la que me hacia creer en mí y me hacia ver que yo era importante, en su vida, en la de los demás.

Hoy al lado de mis hijos, me doy cuenta o quizás sea solo una sensación. Me siento vieja, obsoleta, mi opinión no vale, no me siento escuchada.No tiene valor lo que yo pueda decir o aportar. Nadie observa a través de mis ojos los procesos que voy llevando desde mi corazón, desde mi razón, desde mis adentros. 

Hoy me encontré en internet una frase bastante curiosa y tiene mucho que ver con lo que siento. Decía mamá que yo era muy capaz, que era poderosa, que yo era muy luchadora, que era capaz de todo. 


He podido con todo. Le demostré a mamá y a mí misma que sus palabras habían sembrado en mi caracter y en mi personalidad eso que ella decía. Porque le hice caso, le obedecí siempre, hasta acompañarla en su último respiro. Fui fuerte, fuí capaz, no renuncié en ningún momento a mi responsabilidad con ella, ni a las mías. No fue fácil, podría hoy contarlo como el cuento de caperucita roja, pero fue mi proceso de crecimiento y la muerte de mi mami fue inclusive la mayor muestra para ella y para mí misma de la mujer fuerte que había forjado. Me quedé con la seguridad de que hoy, ella estaría muy orgullosa. Sin embargo hoy, estaría triste por mí.Preocupada por como he venido sorteando mis emociones, sin sus palabras de aliento, sin su esperanza, sin la fé que siempre la acompañó. Sin las palabras que Dios lo puede todo y que solo hay que confiar.

Ya fuiste a misa?, fueron las palabras hoy de mi hija. Y la percibí como una burla. Mamá hubiera dicho las mismas palabras pero como un regaño. Porque ella con su comentario y con su ejemplo estaría diciéndome pegate de la mano de Dios, mírame a mí, como me ha sacado adelante.

No tengo el mismo caracter de ella, ella era una mujer bastante orgullosa, segura de sí misma, autoritaria, controladora. Por ejemplo, sabía que yo estaría a su lado hasta el final de alguna de las dos, porque para eso me había formado. 

Despues de su muerte, pensé que sería mi última lucha con la vida, que quizas en adelante las cosas serían más fáciles. Que me sentiría suficiente para mí, pero me estoy quedando coja. 

Quizás en asumir retos, en inventarme aventuras, en buscar lo que quiero, sea fuerte, segura de mí misma, pero tengo un punto débil. Mis hijos. Con ellos siento que vengo pagando los errores que cometí con mi mamá. Mamá me ponía cuidado. Pero de ella no me quedó nada, no tengo un hermano, o un pariente que me ayude hoy a recordarla, a hacer célebres sus palabras o que me ayude a hacer honor a sus palabras. Que sintiese el mismo duelo que yo por su ausencia. Al contrario, hay parientes que le guardan cierto resentimiento y mis hijos finalmente, no vivieron con ella los últimos 4 años y mientras tanto forjaron su relación familiar con la familia de su padre. 

Lo que yo pudiera decir, asi fueran tonterías, ella me escuchaba. Me felicitaba, me regañaba, se enojaba, se reía, se entristecía... pero me escuchaba. Y hoy no me siento escuchada. Solo ocupo un lugar en el espacio llamado mamá... pero no siento el respeto hacia mí, como yo respetaba a mamá.

Nadie se alegra de mis logros, nadie me dice que puedo hacerlo, nadie me empuja, ni nadie me regaña con amor, nadie me extraña, solo me miran a los ojos por un rato y vuelven a sus celulares, o a sus espacios impenetrables, vuelven a su trabajo, vuelven hacia sus parejas. Y mi segundo esposo, de quien finalmente me enamoré en la vida, pues no lo tengo conmigo, y si hablamos, él siempre está con su familia o está trabajando. Si yo estuviera allá, con él, tendría que compartirlo con su familia y a la fuerza tendría que su familia es mía, pero no la siento tan mía, porque mi familia se me murió. Era mamá. Y a nadie le he importado tanto como a mamá. 

Tengo unos hijos que debo compartirlos con su padre, y con la familia de su padre. Tienen más contacto y cosas en común con él y con ellos, que mis hijos conmigo. Tengo un esposo que tengo que compartirlo con su familia también. Siento que es mi vida la que gira alrededor de los demás. Pero en la mía, nadie gira. Nadie giraba como mamá. Me pregunto: ¿mamá sentía lo mismo conmigo?. Su dolor era que tenía familia, pero no tenía buena relación con ellos. 

Me hubiera gustado haber tenido otro tipo de relación con mis hijos, haber tenido un hermano o una hermana con quien contarle mis cosas sin que me juzgue, Era bonita la relación con mamá, aunque a veces me juzgaba y yo también a ella, vivimos juntas, sabiendo tal cual era la otra, hablabamos continuamente echando chisme, lamentandonos de la locura de los demás, no era una relación fácil, pero era ella mi hombro, donde yo podía llegar cualquier día a llorar. Mi hija no viene a mis brazos a llorar nunca, se cubre con una coraza dura. Mi mamá, inclusive fingia no sentir sus dolores en su final, para no verme preocupada, le encantaba hacerse la fuerte. Era yo su brazo y ella era el mío. 

Siento que me hace falta mi mami, pero hoy me falta una hermana, una hija. Alguien que  mas allá de parecerse a su padre, sienta una empatía femenina con su mami.Tengo una hija, pero la siento lejos de mí y no se cómo acercarme. 

Hoy me siento más sola y me hace falta un abrazo de estos. 





domingo, 24 de septiembre de 2023

Calidez en un abrazo

Fue un gesto amable el de esa señora. Un gesto cordial que no me esperaba y me dejó casi impresionada o en shock, no alcance a responder de la misma manera, porque no creía ser merecedora de una despedida tan cálida. 😎


Llevo casi un año como mesera, recogiendo los platos utilizados de los clientes, al terminar su desayuno en el comedor de un hotel reconocido en el centro de la ciudad.
En esta ciudad hay un gran número de inmigrantes, con miles de historias personales a cuestas, yo soy una más en esa lista. Con un proceso de adaptación, con verdades a medias sobre mi futuro en este lugar, con miles de expectativas, pero con incertidumbres en la vuelta de cada esquina. 
Una pareja, un hombre y una mujer entrados ya en la tercera edad, un poco más de 60 llegaron a desayunar esta mañana. Un dia de trabajo normal, brindé un servicio normal, cruce un par de palabras con la mezcla que ahora me acompaña de algunas palabras en francés y otras en inglés, pero haciéndome entender. Ellos respondieron con una sonrisa muy agradecida, algo no tan común. Extrañamente me dejaron propina, un detalle que aunque puede darse por obligación, extrañamente tenía un valor sentido de agradecimiento. Entregaron en mis manos los billetes con una sonrisa cálida los dos.
Al día siguiente los volví a ver durante el desayuno, esta vez, ni siquiera pude saludarlos, cruce mi mirada con ellos y apenas sonreí desde lejos saludando calurosamente, respondiendo en alguna media la atención del dia anterior. Fue una jornada muy ocupada, y en un ir y venir, ya no estaban en el comedor.
Al tercer dia, con más calma, los volví a ver, iguales de sonrientes, calurosos al saludo. Entable una charla corta, lo que apenas me permite mi seguridad en la fluidez de mi lenguaje. Me contaron que venían de San Francisco, California. Les conte que no soy de aqui, le conté de donde vengo y que llevo un año en este país. Se portaron muy amables y atentos a la charla. 
Cuando terminaron su desayuno, me acerqué para despedirme y preguntar si podía recoger los platos, asintieron, me dieron propina de nuevo, pero mas que eso la mujer, abrió sus brazos y me brindó un abrazo. Un gesto cálido que no he recibido en todo el tiempo que llevo aquí. En segundos recordé que estaba en la mitad del comedor, frente a las miradas del resto de clientes, también alcancé a pensar que quizas yo estaba malentendiendo el gesto, pero me acerque lo más que pude y respondí el abrazo intentando devolver tanta calidez y cariño. Sin saberlo ellos me dieron un sol de alegría a mis días.

Mi día cambio de color!. 💙





Ikigai: "razón de ser"

  Ikigai (生き甲斐) es una palabra japonesa que suele traducirse como "razón de ser" o "razón para vivir" . Pero, en reali...