Cuando finaliza el año es como un balance total de la vida, el recorrido de los últimos doce meses y la síntesis si fue en general positivo o negativo. Cuando el trabajo lo permite, nos planteamos nuevas metas, queremos despedirnos de aquello que no sumo a nuestra existencia, damos gracias a Dios por poder continuar, rompemos algunos vínculos, retomamos promesas y nuevos compromisos, se finalizan otros tantos. En fin, un sin numero de cosas enlistadas se realizan en la mente.
Pero adicionalmente cuando ese periodo que termina se une a
alguna despedida, a algún desapego afectivo de alguien o de algo. Cuando la
fecha coincide con una mudanza, una migración, un cambio de empleo, un cambio
de casa, en fin, coincide con alguna cosa que aparte nos obliga a terminar algún
vinculo. Pues como que todo suma a la sensación de “todo sale en el mismo dolor”.
Y el llamado a la aventura se abre en unos 180 grados o mas. Porque entonces te
despides de mas cosas o de más personas en el mismo dolor, en la misma
tristeza, en la misma sensación de cambio y evolución.
Y así andamos cerrando capítulos nuevamente y proyectándonos
a nuevos caminos que se abren. Senderos pedregosos, un poco oscuros, o tendrá que
ver con el miedo a la incertidumbre, pero como siempre llena de mil
expectativas y nuevos retos.
Termina el 2025 con objetivos cumplidos con la satisfacción
de haber dado lo mejor de mi trabajo y de mi persona con un equipo de personas
que me llevo en el corazón e inicio un nuevo camino.
Me atrevo a compartir que las fechas colaboran con el
desapego, pero nuevamente esta sensación de salir de la zona de confort, de asumir
nuevos retos, de grandes expectativas que me llena un poco de temor en mi
interior. Y el miedo a la frustración en un futuro.
En lo que llevo de historia he pasado por varias
experiencias de desapego. He trabajo en varias empresas, he visitado varios países,
me he despedido un montón en varios aeropuertos, he terminado relaciones, o me
han terminado también, igual el proceso es el mismo, en pasar por ese umbral un
tanto doloroso, grisoso, amargo, pero que ya se que al otro lado de ese camino sombrío
habrá una luz brillante de nuevos horizontes. Una luz que me ha llenado de
esperanza, de que algo he aprendido de pasar por estos procesos y algo nuevo me
espera. Me dice que fue suficiente el aprendizaje y que estoy lista para continuar.
Hoy me estoy despidiendo de un equipo de un excelente equipo
de trabajo, de gente con la cual construí una parte de este camino un tanto
condimentado de la migración, personas que emocionalmente me convencieron de
que soy capaz, que puedo hacer las cosas cuando hubo momento en que ni yo lo
creía.
Me despido de una labor en la que crecí y al mismo tiempo
odié, que la trabajé, que la desarrollé y con ella evolucioné y con una labor con
la que estoy agradecida de haber coincidido en este país. Un trabajo que me
abrió las puertas a aprender idiomas, a conocer mucha gente de otras culturas y
otros países y prepararme para estos nuevos horizontes en los que me estoy
encaminando. No serán los últimos, aun hay mucho camino por recorrer. Pero es
una etapa más, un peldaño más en esta búsqueda incesante de un bien-estar.
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