Fue un gesto amable el de esa señora. Un gesto cordial que no me esperaba y me dejó casi impresionada o en shock, no alcance a responder de la misma manera, porque no creía ser merecedora de una despedida tan cálida. 😎
En esta ciudad hay un gran número de inmigrantes, con miles de historias personales a cuestas, yo soy una más en esa lista. Con un proceso de adaptación, con verdades a medias sobre mi futuro en este lugar, con miles de expectativas, pero con incertidumbres en la vuelta de cada esquina.
Una pareja, un hombre y una mujer entrados ya en la tercera edad, un poco más de 60 llegaron a desayunar esta mañana. Un dia de trabajo normal, brindé un servicio normal, cruce un par de palabras con la mezcla que ahora me acompaña de algunas palabras en francés y otras en inglés, pero haciéndome entender. Ellos respondieron con una sonrisa muy agradecida, algo no tan común. Extrañamente me dejaron propina, un detalle que aunque puede darse por obligación, extrañamente tenía un valor sentido de agradecimiento. Entregaron en mis manos los billetes con una sonrisa cálida los dos.
Al día siguiente los volví a ver durante el desayuno, esta vez, ni siquiera pude saludarlos, cruce mi mirada con ellos y apenas sonreí desde lejos saludando calurosamente, respondiendo en alguna media la atención del dia anterior. Fue una jornada muy ocupada, y en un ir y venir, ya no estaban en el comedor.
Al tercer dia, con más calma, los volví a ver, iguales de sonrientes, calurosos al saludo. Entable una charla corta, lo que apenas me permite mi seguridad en la fluidez de mi lenguaje. Me contaron que venían de San Francisco, California. Les conte que no soy de aqui, le conté de donde vengo y que llevo un año en este país. Se portaron muy amables y atentos a la charla.
Cuando terminaron su desayuno, me acerqué para despedirme y preguntar si podía recoger los platos, asintieron, me dieron propina de nuevo, pero mas que eso la mujer, abrió sus brazos y me brindó un abrazo. Un gesto cálido que no he recibido en todo el tiempo que llevo aquí. En segundos recordé que estaba en la mitad del comedor, frente a las miradas del resto de clientes, también alcancé a pensar que quizas yo estaba malentendiendo el gesto, pero me acerque lo más que pude y respondí el abrazo intentando devolver tanta calidez y cariño. Sin saberlo ellos me dieron un sol de alegría a mis días.
Mi día cambio de color!. 💙

No hay comentarios:
Publicar un comentario