De nuevo diciembre… esa época que antes nos sorprendía con luces, villancicos y magia, y que ahora nos llega como un déjà vu anual con menos misterio, más cuentas por pagar y uno que otro dolorcito de espalda. A medida que crecemos, vamos dejando de ser niños: nos volvemos más adultos, más serios, más ocupados… y, aceptémoslo, un poquito más cansados por la vida.
Con diciembre, llegan también los temidos balances: que si
los logros, que si lo que faltó, lo que ni empezamos, lo que pospusimos sin
vergüenza y lo que prometimos el 1 de enero con toda la fe del mundo. Aparecen
los KPI’s emocionales, físicos y mentales: ¿bajé un kilo? ¿subí tres? ¿fui al
gimnasio? ¿aprendí un idioma? ¿al menos aprendí a decir “bonjour” sin acento
paisa?
Un auditor estaría orgulloso, tendría trabajo por montón.
Mientras intentamos procesar todo eso, las frustraciones
hacen fila, muy educadas, eso sí, para recordarnos lo que quedó pendiente.
Porque apenas empieza diciembre y ya se nos atraviesan las fiestas de fin de
año, los intercambios de regalos, los compromisos con la familia, las cenas con
amigos, el último brindis antes del último brindis, y hasta la cerveza o el
café rápido antes de que cada quien salga a vacaciones. Y se fue el mes. Se fue
el año. Uno parpadea y ya es enero… otra vez.
Pero aquí viene lo bueno —porque no todo es drama—: diciembre sigue teniendo una magia única. Es ese momento de repetidera de abrazos, de besos exagerados, de apretujones familiares que nos acomodan el corazón (y a veces una costilla). Es el mes para volver a acercarnos, para sanar roces tontos, para iniciar la conversación pendiente, para inventar excusas y reencontrarnos con quienes queremos. Y en cada oración al Niño Jesús, mencionamos a los que llevamos en el alma, a los que extrañamos y a los que tenemos la dicha de abrazar un año más.
Que este diciembre venga lleno de panecitos, galletas
navideñas y calor de hogar. Que sobren los abrazos amorosos, los besos
cariñosos y los “te amo” sin límite. Que haya reencuentros, risas, esperanza y
muchísimo amor. Porque si algo merece repetirse año tras año, es eso.
(De mi lado… mis cincuenta escritos para 2025 ya van
quedando oficialmente para el año siguiente. ¡No juzguen mis KPI’s, por favor!.
Aun no renuncio, quien quita una soledad o una nostalgia me traigan al blog
este mes y lo que queda de este año.)
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